martes, 16 de julio de 2013

El sueño del millón de pesos



José Caicedo decidió esa tarde evadir cualquier compromiso importante de su cotidianidad y procrastinar un poco en el casino.  Aunque era un joven acomodado económicamente, algo de  dinero ganado fácilmente no vendría de más. Fue al casino más cercano a su casa, el de Cosmocentro, allí jugó y apostó; a la medianoche tenía un millón de pesos.

Juana no entendía aún por qué José se había alejado, hace ya un mes que su ausencia se estaba convirtiendo en una flagelante sombra  que la acompañaba. Ella estaba al corriente de que él sabía poco de estabilidad. José pudo haberla amado, tal vez lo hizo en algún momento, pero ahora era su soledad quien la acompañaba.

El millón de pesos y José fueron uno solo. La mayor parte la gastó en Cristina, la  bailarina, la mujer de rizos largos, de piernas inquietas y largas, de dientes de menta, la de ojos intensamente maquillados que simulaban la mirada de una gata. Su viaje por ella, y con ella fue completo, tuvo la suerte y el dinero para encontrar el tan anhelado paraíso. Sin embargo, pensó en Juana, en cómo gastar el poco dinero que le quedaba, en utilizarlo en el usual café que los solía unir en las mañanas y las tardes.  

Cansado de imaginar futuros posibles con Juana, va a la tienda y compra una Minora. El baño de su apartamento le parece un buen lugar. La cuchilla se desliza  por sus muñecas, de a poco por sus venas, su encuentro con la muerte es solo cuestión de tiempo.

No fue difícil que José se matara, Juana logró controlar sus constantes sueños con él, porque la soledad en la que estaba sumida le había causado insomnio… lo mató en sus sueños, pero, en el mundo real, prefirió que él mismo lo hiciera. 

Maria del Mar Astudillo Franco

No hay comentarios:

Publicar un comentario